Juan Sisay Padre
Historia de Juan Sisay padre
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Historia de Juan Sisay Padre
Juan Sisay: el pintor del alma del lago
Juan Sisay nació el 1 de enero de 1921 en Santiago Atitlán, a orillas del lago. Hijo de Juan Mendoza y de Micaela Sisay, creció en pobreza y sin el reconocimiento de su padre. Su madre, con fortaleza inquebrantable, lo sacó adelante en un rancho humilde donde el viento del lago entraba libremente.
Desde los cinco años ayudaba a su madre acarreando agua para venderla y cuidando milpas ajenas. Su niñez fue dura: conoció el cansancio antes que el juego, pero aprendió el valor del esfuerzo. A los diez años se convirtió en pequeño comerciante, caminando descalzo hasta Chicacao o Mazatenango con verduras a la espalda. Una vez, al romperse su costal y caer el maíz, recogió grano por grano: una imagen que simboliza su espíritu incansable.
De regreso de esos viajes, trabajaba como jornalero ganando ocho centavos diarios. A los quince años partió a la capital buscando oportunidades. Compraba tinajas en Chinautla y las llevaba a pie hasta San José Pinula. Su cuerpo conoció el cansancio extremo, pero su alma nunca cedió. Nunca fue a la escuela, pero tenía un don natural: la pintura. Usaba trozos de madera o muebles viejos como lienzos, guiado solo por su intuición.
El nacimiento del artista
En 1947, un turista extranjero llegó a Santiago y comenzó a pintar frente a la iglesia. Juan lo observó fascinado y se atrevió a preguntarle cómo se usaban esos colores. El hombre, conmovido, le regaló sus materiales. Con ellos, Sisay pintó su primer cuadro y lo vendió por un quetzal. Desde entonces, el arte se volvió su voz: a través del color narró la historia y el espíritu de su pueblo.
El ascenso del maestro
En 1956, la Escuela Nacional de Artes Plásticas patrocinó su primera exposición, con treinta óleos. Un año después, presentó cuarenta obras en el Instituto Guatemalteco Americano, siendo reconocido como una revelación artística por su talento autodidacta. En 1958 viajó por Centroamérica, México y el sur de Estados Unidos, llevando consigo el alma del lago.
En 1960 recibió la Orden del Quetzal, el mayor honor de Guatemala, y en 1962 un plato de oro en San Diego por el valor autóctono de su obra. En 1966 participó en la Feria Mundial de Nueva York, donde sus cuadros asombraron por su autenticidad y su profunda espiritualidad.
En 1969 viajó a Europa. Exhibió cuarenta y dos cuadros en la Casa Latinoamericana de París y en Cagnes-sur-Mer, donde artistas de cincuenta y cuatro países participaron. Ganó el Premio Especial de Honor del Festival, consolidándose como uno de los grandes exponentes del arte latinoamericano.
El embajador del color
Durante su gira europea visitó Roma, fue recibido por el Papa y recibió una medalla de oro. En España admiró las obras del Museo del Prado. A su regreso a Guatemala, en noviembre de 1969, la Municipalidad de la capital celebró su triunfo con una exposición de veinticinco óleos. Era el reconocimiento de un país al hombre que había transformado la pobreza en arte inmortal.
En 1973 presentó treinta y ocho cuadros en la Cámara de Comercio, en una exposición patrocinada por la Aseguradora General, S.A. Para entonces, su nombre ya era símbolo de orgullo nacional y testimonio del poder del talento y la perseverancia.
Legado
Juan Sisay pintó la esencia de su pueblo. En sus lienzos viven los rostros, mercados y paisajes del mundo maya contemporáneo. Su obra es espejo del lago y reflejo del alma guatemalteca. De la pobreza nació un maestro que hizo del color su destino, del arte su lenguaje y de su vida una lección de esperanza.
Su nombre, como las aguas del Atitlán, seguirá reflejando la belleza, la fe y la dignidad de un pueblo eterno.
Fuentes: Diego Pop
ANÉCDOTA QUE NO REGISTRAN LOS LIBROS DE HISTORIA.
«Siendo Embajador de Guatemala en Paris en su momento, el Nobel de Literatura Miguel Ángel Asturias asumió la responsabilidad del resguardo y la gestión de venta de las obras de arte. Según los acuerdos, se preveía la devolución del producto de las ventas o de las obras no vendidas. Lamentablemente, a pesar del tiempo transcurrido, mi padre no llegó a recibir ni los fondos correspondientes a dichas ventas, ni la restitución de las obras originales”
Juan Sisay, asesinado en Santiago Atitlán en 1789.
